El desafío de la Fila Maestra Print
Jueves, 11 Junio 2009

(Junio 2009)

 Una vez más, los miembros del CEC realizamos una de las excursiones emblemáticas del Parque Nacional El Ávila y que constituye un verdadero desafío a la resistencia y fortaleza de los excursionistas: la travesía de la Fila Maestra, subiendo en esta ocasión por la Julia y bajando por Sabas Nieves.

Bajo la excelente capitanía del compañero Salvador Santoro, unos veinte excursionistas partimos alrededor de las 7:00 a.m., desde el final de la Av. Sanz en El Marqués hacia el PGP La Julia, donde comenzó el recorrido (o más bien, maratón, por lo exigente y largo de la ruta de aproximadamente 20 kms!!!). Poco a poco, fuimos pasando los primeros puntos familiares como El Mirador, El Edén y  Ruta 77 hasta llegar a Rancho Grande, donde nos permitimos un breve descanso y se regresaron los compañeros del grupo B. Los demás nos reabastecimos de agua antes de atacar Las Toyotas, esas lomas que parecen interminables y que conducen bajo un candente sol hasta el Pico Goering. El día estaba despejado y hermoso, desde el Goering contemplamos la ciudad a nuestros pies y a nuestras espaldas, el reto: la Fila Maestra. El verde de la Fila se recortaba contra un cielo azul y escaso de nubes.

Ya eran las 11 y Salvador nos apremió a continuar el camino. Muy pronto –en unos tres cuartos de hora– alcanzamos el Topo Galindo. Desde allí, en plena fila, algunas nubes nos tapaban las vistas del mar y de la ciudad. Luego de un breve almuerzo, poco después del mediodía, iniciamos la caminata, pasando al lado de la Puerta de Hércules, una curiosa formación rocosa que semeja a dos imponentes columnas.

Caminábamos sobre grandes piedras grises, semi-cubiertas de musgo y de vez en cuando, nos deteníamos para tomar fotografías. Luego el camino se fue haciendo más estrecho y nos encontramos con la selva de bambucillo que nos cubría totalmente. Algunas bajadas empinadas hicieron resbalar a más de un compañero. De tanto en tanto, al salir de la selva de bambú, podíamos contemplar al Pico Oriental a lo lejos, retándonos a conquistarlo. Finalmente, a eso de las 3 de la tarde, estábamos en la base del Oriental y nos dispusimos a subirlo por una pica que a los primerizos se les antojaba interminable y a los que repetíamos la excursión, nos parecía que ese tramo se hubiera alargado como por arte de magia.

A las 4 ya todos habíamos logrado nuestro objetivo y descansamos por unos minutos, antes de emprender el regreso a la ciudad por la vía de la Silla de Caracas. Un regreso, por cierto, no exento de emociones... al sorprendernos una intensa lluvia por los lados de No te Apures, teniendo que apelar rápidamente a los ponchos e impermeables para bajar resbalando hacia Sabas Nieves, donde ya con noche cerrada y la ayuda de nuestras linternas, descendimos despacio hasta Altamira. Fue una excursión retadora y emocionante, cuyo éxito se debió en gran parte a la veteranía y buen humor del capitán Salvador y al compañerismo y camaradería de todos los participantes. ¿Quién se anima a realizarla el próximo año?