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RELATO DE EXCURSION DEL VIERNES 12 AL MARTES 16 DE FEBRERO DEL 2010 Cortesía de ALIX JIMENEZ La principal motivación para hacer esta travesía fue querer hacerla, en contra de la normal preocupación que tuve a mi alrededor.. Una vez más demostrándome a mi misma la guerrera que llevo dentro... lo logré y hasta ahora ha sido el recorrido más grandilocuente que he hecho en mi vida.. Se resume en recorrer y alcanzar una montaña dotada de piedras hermosas, frailejones, huesitos de páramo, corrientes muy frías, sol incandescente, imponentes valles, lagunas envidiables, un alba y un ocaso más cerca de mi piel, noches que te gritan con latidos en silencio, ciclos de declives y pendientes que te recuerdan la vida misma, palabras de aliento y una buena ración de marcha que te ayudan a seguir a delante sin perder el gran objetivo, hacer cumbre.. Quería hacer las cosas tan bien que me reuní con parte del grupo con antelación para entender los tips esenciales de lo que implicaba una excursión de alta montaña, logré reunir 3 listados y hacer de ellos uno sólo donde recabé todo lo necesario en cuanto a equipo, ropa y menú. Adquirí lo básico, 1 Morral de 65L, Una Linterna, Un Buff, sleeping de 3 estaciones y todo el resto prestado. Compre la comida según listado y me reuní con mi compañera Francisca y comenzamos 4 días antes a armar las cosas en cuanto a lo agendado, al peso implicado y lo estrictamente necesario.. Fue entonces cuando entendí que esto iba más allá de armar una simple maleta de viaje para el extranjero, pues empacar para sobrevivir a una experiencia de este tipo es totalmente diferente. A los dos días después dividimos la comida y la cocina con sus bombonas, porque la carpa la compartiríamos luego de la primera noche que ya no contaríamos con mula. Pues bien, armé mi morral con checklist en mano y lo pesé para que según las recomendaciones no pasara del 25% de mi peso, es decir 15Kg.. Llegó el gran día, cene muy bien en mi casa me monte el bolso y la sensación era como que si fuera al cielo pero con peso.. Primera vez en mi vida que caminaba con algo tan grande sobre mi espalda, pero mi emoción de vivir algo nuevo podía más que todo. Tomé el taxi y llegue hasta Altamira para tomar el bus y fue entonces cuando me di cuenta que había dejado el sombrero y la chaqueta, pero muy rápidamente lo resolví y lo obtuve a tiempo. Iniciamos la ruta en un bus cama con un grupo espectacular, siempre preguntaban acerca de que en cual grupo estaríamos.. Compartimos, dormimos, había inquietud en niños, hasta que amaneció y a 30km de nuestro destino a Gavidia, el autobús no calculó bien una hondonada y quedó pegado en la parte trasera donde nos tomó unos 30min aproximadamente en salir.. Subimos de nuevo y nos detuvimos a desayunar en el bahío, hasta que llegamos a Mucuchíes, donde nos esperaba un bus para trasladarnos hacia el Yaque, dejamos morrales con los muleros para iniciar nuestro gran recorrido.. El cielo totalmente despejado, el sol nos abrazaba junto al céfiro helado, es decir, la combinación perfecta para un gran camino, todos a un buen paso, unos más agiles que siempre llegan primero y esperan al resto del grupo son los que a la final terminan descansando más tiempo, conversas entretenidas de las anécdotas de otras experiencias parecidas o de los que ya la habían hecho pero hace mucho tiempo, te daba una idea de todo lo que estaba por advertir.. a paso de conquistadores llegamos al alto de Santo Cristo a 4200msnm y como si nada seguimos nuestro recorrido hasta llegar a lo llamado laguna de playa donde acampamos, luego de instaladas las carpas, unos pendientes de que comer que implicara menos peso en el morral, otros pendientes que iban a cocinar los compañeros, otros concentrados en su menú y uno que nos brindó canelita para calentar el cuerpo, en fin, preparamos la comida, una pasta cuatro quesos inimaginable en una montaña tan solitaria. No podía con el frío sentía que los músculos eran independientes a mi cuerpo porque se movían por sí solos y la presión en mi cabeza era como si me apretaran el cerebro cada vez mas.. Luego que comí pensé que se me pasaría pero se agudizó pues la pasta la digerí al día siguiente. Dicen que la primera noche es la más fuerte pero sentí que desmayaba dentro de la carpa, al rato varios del grupo ubicando las constelaciones y dando una clase magistral de lo que significaba estar tan cerca de las estrellas hasta que dos de ellos comentan que estábamos a -6°, fue entonces cuando obtuve la respuesta a mi sentir. Amanecimos en una alborada maravillosa, y una taza de café por parte de nuestros guías nos hizo sentir en casa. Nos dispusimos a desayunar con una deliciosa avena mezclado con polvo de proteínas para complementar esa energía que necesitábamos para seguir adelante. Isidro nuestro uno de nuestros guías se había ido muy temprano para validar la vía por donde nos iba a dirigir, regresando al poco tiempo e intercambiando con los compañeros el camino a continuar, así comenzamos el 2do día. El peso influía mucho en mi desempeño, pero me mantuve erguida y al pie del cañón, sin embargo nuestra otra guía Elizabeth me ayudó en varias oportunidades con mi morral, por lo que lo intercambiábamos ya que el de ella era más pesado pero de corta travesía, lo que me ayudaba al mejor manejo de mi andar. Disfrutaba de todo, de la barra energética o frutas secas que me comía, de los tragos de agua para hidratarme, de cada paso que daba escuchando muy fuerte los latidos de mi corazón que se generaban en búsqueda de mayor oxígeno por la altura. Cada marcha implicaba un camino recorrido donde descubrías que el mundo verdaderamente tiene forma de inmensidad, en cada alto que pasábamos hasta que llegamos al divertido arenal, donde deslizábamos en la penetrante sílice hasta llegar a las impactantes lagunas que formaban parte de los valles, en una frase complacencia natural de lo que nos brinda una eminencia recurrente en el sendero. Seguimos hasta llegar a un gran collado y donde acampamos por segunda vez.. ya aclimatados, mas cansados, menos brisa y con muchas ganas de dormir, tomamos una rica y poderosa sopa que estuvo de anillo al dedo, una pastilla relajante y con una temperatura más resistible, dormimos profundamente a pesar de algunos jadeos que de seguro no eran lobos asechándonos. 3er día muy temprano sonaron varios despertadores (electrónicos y vocales) ya que debíamos partir a mas tardar a las 6y30am, pues nos esperaba un camino arduo pero excitante lleno de imponente, fastuosa y admirable perfección, se trataba de las mencionadas ventanas oriundas del páramo, una de las razones por la que nos encontrábamos como transeúntes.. Pura vida, energía, oxígeno y el verdadero encuentro con nuestra parte espiritual, es decir, ese sentir estar más cerca de dios. Cascadas, lagunas, riachuelos, vegetación típica de esas montañas, llanuras impensables, toros marcando territorio y cautela incesante que nos hizo llegar a nuestra parada para disfrutar de nuestro almuerzo y donde compartimos todo lo que llevábamos culminando con un trago de sangría refrescante. Alcanzamos nuestro pasaje hasta la alta Mucuy en donde tomamos un jeep y entre apretujadas, desfiladeros de cada lados y una frecuente frase de cuidado con las ramas logramos arribar a Gabay, tomamos otro bus a la posada en Mucuchíes, donde por fin nos bañamos y compartiendo un banquete intercambiando la gran vivencia. Dormimos en cama y alzamos el vuelo de regreso llegando a la hora prevista en el programa, finalmente agradeciéndole a dios y nuestros santos el haber tenido la gran oportunidad de vivir a plenitud de una experiencia perdurable y que quedará en nuestra memoria por los siglos de los siglos amen. Frase inspiradora de la travesía: Lo que no se experimenta no se vive a plétora.. Alix Jiménez |